El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Finalizada la lectura del artículo en medio de ese mismo silencio, turbado entonces por un murmullo que cesó en cuanto el orador estuvo dispuesto a tomar de nuevo la palabra, el acusador expuso sus escrúpulos, y se puso a establecer lo difícil que resultaba su tarea: era el honor del señor de Morcerf, pero era el de toda la Cámara el que pretendía defender provocando un debate que debía incidir en esas cuestiones personales, siempre tan ardientes. Finalmente concluyó solicitando que se abriese una investigación, lo bastante rápida como para atajar la calumnia, antes de que tuviera tiempo de crecer, y para restablecer al señor de Morcerf, vengándole, en la posición que la opinión pública le había colocado desde hacía tanto tiempo.

Morcerf estaba tan hundido, tan tembloroso ante esa inmensa e inesperada calamidad, que apenas pudo balbucear unas palabras observando a sus colegas con la mirada perdida. Esa timidez que, por otra parte, bien pudiera venir del asombro del inocente como de la vergüenza del culpable, concitó algunas simpatías. Los hombres realmente generosos están siempre dispuestos a ser compasivos, cuando la desgracia de su enemigo sobrepasa los límites de su odio.

El presidente puso a votación la apertura o no de una comisión de investigación; se votó poniéndose en pie, y fue decidido que la investigación tendría lugar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker