El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, por usted.

—¿Por mí? Déjelo, príncipe —dijo Montecristo haciendo hincapié, con afectación, en el título—. ¿Qué he podido hacer por usted? ¿Es que su nombre, su posición social y sus méritos no bastaban?

—No —dijo Andrea—, no; y por más que usted lo diga, señor conde, mantengo que la posición de un hombre como usted ha hecho más que mi nombre, mi posición social y mis méritos.

—No, se engaña usted totalmente, señor —dijo Montecristo, que sintió la pérfida intención del joven, y que comprendió el alcance de sus palabras—; usted no obtuvo mi protección sino después de conocer la influencia y la fortuna de su señor padre; pues, en fin, ¿quiénes me procuraron a mí, que no le había visto a usted nunca, ni al ilustre autor de sus días, quiénes me procuraron la dicha de conocerle? Pues fueron mis dos buenos amigos: lord Wilmore y el abate Busoni. ¿Quién me animó, no a servirle de garantía, pero sí a apoyarle? Pues fue el nombre de su padre, tan conocido y tan honrado en Italia; personalmente, yo, yo no le conozco a usted.

Esa calma, esa perfecta soltura hicieron comprender a Andrea que, por el momento, estaba oprimido por una mano más musculosa que la suya, y que esa opresión no podía ser fácilmente rota.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker