El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo El juez
Recordemos que el abate Busoni se había quedado solo con Noirtier en la cámara mortuoria, y que eran el anciano y el sacerdote quienes se habían constituido en los guardianes del cuerpo de la joven.
Quizá las exhortaciones cristianas del abate, quizá su dulce caridad, quizá su persuasiva palabra, habían dado valor al anciano, pues desde el momento en el que pudo cambiar impresiones con el sacerdote, en lugar de la desesperación que en principio se había apoderado de él, todo en Noirtier anunciaba una gran resignación, una calma muy sorprendente para todos los que recordaban la profunda afección que sentía por Valentine.