El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo A la vez, todos los gritos cesaron, como si el potente soplo que se había llevado las luces se hubiera llevado al mismo tiempo el ruido.
Sólo se oyó el rodar de las carrozas que llevaban a las máscaras cada una a su casa; sólo se vieron las escasas luces que brillaban detrás de las ventanas.
El carnaval había terminado.