El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Está claro —repuso lleno de alegrÃa el maestro de postas.
El maestro de postas encargó a uno de sus mozos de cuadra que condujera los forasteros a La Fere.
Porthos se sentó en la carreta, junto a Aramis, y dijo al oÃdo de éste:
—Comprendo.
—¡Ah! —replicó Aramis—. ¿Y qué comprendéis, mi buen amigo?
—Vamos de parte del rey a hacer una proposición de grande importancia a Athos.
—¡Psé!
—No me digáis nada —añadió Porthos procurando hacer contrapeso para evitar los tumbos de la carreta—, no me digáis nada; adivinaré.
—Eso es, adivinad.
A las nueve de la noche y a la claridad de una luna despejada, Porthos y Aramis llegaron a casa de Athos.
Porthos y su compañero se apearon a la puerta del pequeño castillo, que es donde vamos a encontrar de nuevo a Athos y a Bragelonne, desaparecidos ambos después del descubrimiento de la infidelidad de Luisa.