El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Asà pasaron los dÃas que siguieron a la escena durante la cual Athos habÃa agitado de manera tan violenta el indómito orgullo del monarca; escena sobre la cual el conde de La Fere no dijo nunca una palabra a Raúl, por más que a éste le habrÃa tal vez servido de consuelo la humillación por la que pasó su rival. Y es que Athos no querÃa que el amante ofendido olvidara el respeto debido al rey.
Y cuando Bragelonne, enardecido, arrebatado, sombrÃo, hablaba con menosprecio de la palabra real, de la fe equÃvoca que algunos insensatos buscaban en las personas emanadas del trono; cuando Raúl predecÃa los tiempos en que los reyes serÃan más pequeños que los hombres. Athos le decÃa con su voz serena y persuasiva:
—Tenéis razón, hijo mÃo; sucederá como decÃs: los reyes perderán su prestigio, como pierden su claridad las estrellas que han llegado al lÃmite que Dios les señalara. Pero antes que llegue tal momento, ya estaremos muertos nosotros, Raúl; y no olvidéis lo que voy a deciros: en este mundo fuerza es que todos, hombres, mujeres y reyes, vivamos en los presentes; sólo para Dios debemos vivir según lo venidero.