El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —SÃ. ¿No imagináis poco ni mucho lo que voy a ser?
—Lo que siempre habéis sido, monseñor; prÃncipe valiente y caballero cumplido.
—Voy a convertirme en prÃncipe africano, en caballero beduino. El rey me envÃa a hacer la guerra a los árabes.
—¡Qué decÃs, monseñor!
—¿Verdad que es fenomenal? Yo, el parisiense por excelencia, yo, que he reinado en los barrios y fui llamado rey de los mercados, paso de la plaza de Maubert a los minaretes de Djidgeli; de frondista me convierto en aventurero.
—Si vos mismo no me lo dijeseis, monseñor…
—No lo creerÃais. Sin embargo, dad crédito a mis palabras, y despidámonos. Esto trae el recobrar el favor.
—¿El favor?
—SÃ. ¿Os sonreÃs? ¡Ah! mi querido conde, ¿sabéis por qué he aceptado?
—Porque Vuestra Alteza antepone la gloria a todo.