El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Fouquet se quedó pensativo, y después dijo, mirando cara a cara al capitán.
—Una sola palabra; ¿la retendréis?
—SÃ, monseñor.
—¿La trasmitiréis a quien yo quiero?
—La trasmitiré.
—«San Mandé» —dijo en voz baja Fouquet.
—Está bien. ¿Y a quién tengo que transmitirla?
—A la señora de Belliere o a Pelissón.
—Lo haré.
La carroza atravesó Nantes y tomó el camino de Angers.