El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Pasa, Sire, que este caballero, que no puede haber adivinado las órdenes de Vuestra Majestad, y por lo tanto no ha sabido que habÃa salido para arrestar al señor Fouquet, el caballero, que ha hecho construir una jaula de hierro para encerrar en ella a su amo de ayer, ha enviado a Roncherat a casa del señor Fouquet, para apoderarse de los papeles de éste, y no han dejado mueble sano. Mis mosqueteros, en cumplimiento de mis órdenes, cercaban la casa desde la mañana. Y pregunto yo: ¿por qué se han propasado a hacerlos entrar? ¿Por qué les han hecho cómplices del saqueo, obligándoles a presenciarlo? ¡Vive Dios! Nosotros ser, vimos al rey, pero no el señor Colbert.
—¡Señor de D’Artagnan! —repuso con severidad Luis XIV—, no permito que en mi presencia se hable en ese tono.
—He obrado en pro de Su Majestad —dijo Colbert con voz alterada—, y es para mà muy duro verme tratado tan mal por un oficial del rey, tanto más cuanto no puedo replicaros por vedármelo el respeto que debo a mi soberano.