El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —No puedo —contestó Porthos haciendo un esfuerzo que contrajo inútilmente todos los músculos de su cuerpo.
Porthos cayó de rodillas; pero con sus robustas manos se agarró a las rocas y volvió a levantarse.
—¡Pronto!, ¡pronto! —repitió Aramis encorvándose hacia la orilla como para atraer a Porthos con sus brazos.
—Aquà estoy —balbuceó él llamando a sà todas sus fuerzas para adelantarse otro paso.
—En nombre del cielo, Porthos, venid; el barril va a reventar.
—Venid, monseñor —dijeron los bretones al ver que Porthos se movÃa como en una pesadilla.