El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —¿Cuándo me tocará a mà partir? ¿Qué le queda al hombre después de la juventud, el amor, la gloria, la amistad, la fuerza y las riquezas? Le queda la peña bajo la cual duerme Porthos, que poseyó cuanto acabo de decir; este césped, bajo el cual descansan Athos y Raúl, que todavÃa poseyeron mucho más…
Y tras un momento de vacilación, con la mirada atónita, se irguió y repuso:
—Sigamos adelante, y llegada la hora, Dios me lo dirá como se lo ha dicho a los demás.
D’Artagnan tocó con las yemas de los dedos la tierra humedecida por el rocÃo de la noche, se persignó, y tomó solo, solo como nunca, la vuelta de ParÃs.