El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Señor de D’Artagnan: el rey me encarga os diga que os ha nombrado mariscal de Francia, en justo premio a vuestros buenos servicios y a la gloria de que cubrÃs sus armas. Su Majestad está en altÃsimo grado satisfecho de las conquistas que habéis llevado a cabo, y os encarga especialmente que deis fin al sitio que habéis comenzado, con honra para vos y lustre para él.
D’Artagnan, que estaba en pie, con el rostro animado y la mirada ardiente, levantó los ojos para ver el progreso de sus tropas en aquellas murallas envueltas en rojos y negros torbellinos, y respondió al mensajero:
—He acabado; dentro de un cuarto de hora a lo más se habrá rendido la ciudad.
Y D’Artagnan reanudó la lectura de la carta, que continuaba de este modo:
La arquilla os la regalo yo, y estoy seguro de que no os disgustará ver que mientras vosotros, soldados, desenvaináis la espada en defensa del rey, yo fomento las artes de la paz para adorno de las recompensas dignas de vos.
Me recomiendo a vuestra amistad, señor mariscal, y os ruego creáis en la mÃa muy sincera.
Colbert.