El Paje del duque de Saboya
El Paje del duque de Saboya Ejecución de Francisco Maraviglia
—A las nueve menos pocos minutos —prosiguió Odoardo—, el carcelero previno a la condesa que se fuera, pues iban a relevar los centinelas y convenÃa que el mismo que la habÃa visto penetrar la viese salir. La despedida fue cruel, sin embargo, de que dentro de tres horas debÃan volver a verse y no separarse más. La niña prorrumpÃa en lastimeros gritos y no querÃa dejar a su padre; la condesa se la llevó casi por fuerza, pasando por delante del centinela y del carcelero, e introduciéndose en lo más obscuro del patio, desde donde, con gran sigilo, penetró en la habitación del carcelero. Allà introdujeron a mi madre y a mi hermana en un gabinete, prescribiéndoles que no pronunciaran una sola palabra ni hiciesen ningún movimiento, pues de un momento a otro podÃa entrar algún inspector en la casa. Permanecieron ambas calladas e inmóviles, persuadidas de que el menor movimiento, una palabra proferida a media voz, bastaba para quitar la vida a un esposo y a un padre. Las tres horas que aún faltaban para media noche parecieron tan largas a mi madre como las cuarenta y ocho pasadas. Por fin, el carcelero abrió la puerta: