El Paje del duque de Saboya
El Paje del duque de Saboya Donde cumple Carlos V lo que prometio a su hijo Felipe
El viernes 25 de octubre del año 1555 recorría las calles de Bruselas un numerosísimo gentío, plebe de la capital del Brabante meridional y de los demás Estados flamencos del emperador Carlos V, dirigiéndose apiñado y ruidoso, al palacio real, que a la sazón se alzaba en lo alto de la ciudad hacia la cumbre de Caudeberg, con motivo de una grande asamblea cuya causa desconocíase, y que aplazada ya una vez, convocara el emperador para aquel día.
Con tal motivo habían adornado el salón, y en el testero inmediato a las puertas de la ciudad, entre riquísimas colgaduras, alzábase un estrado, cuyas cinco o seis gradas cubrían riquísimas alfombras, con tres sillones bajo un dosel que ostentaba las armas imperiales, destinados indudablemente al emperador; al rey don Felipe, que había llegado el día anterior, y a María de Austria, reina viuda de Hungría y hermana de Carlos V.
Paralelos a los tres salones había unos escaños que formaban una especie de hemiciclo, y enfrente del estrado colocaron otros asientos como lunetas ante un escenario.