El Paje del duque de Saboya
El Paje del duque de Saboya Condestable y cardenal
Habían transcurrido dos horas desde la escena que acabamos de relatar, calmada la emoción particular u oficial de los asistentes, felicitados Gabriel de Lorges, conde de Montgomery y Santiago de Saboya, duque de Nemours, salvadores del monarca, por la valentía y destreza que en aquella ocasión demostraron, y dada en el gran patio la comida a los perros en presencia de los reyes y de todos los caballeros y damas que en San Germán encontrábanse. Enrique II entraba con risueño semblante en su gabinete, donde, con sus consejeros ordinarios, le aguardaban el cardenal y el condestable de Montmorency.
Dos o tres veces hemos nombrado al condestable de Montmorency sin que con él hayamos hecho lo que con dos demás héroes de esta historia, sacándole del sepulcro para presentarle al lector, cual el preclaro condestable de Borbón a quien sus soldados condujeron después de su muerte a casa de un pintor para que le retratase de cuerpo entero y armado como si aún viviera.
Era entonces Ana de Montmorency el jefe de aquella antigua familia de barones cristianos, o barones de Francia, según se intitulaban, descendiente de Bouchard de Montmorency, la cual suministraba condestables al reino.