El Paje del duque de Saboya
El Paje del duque de Saboya Donde Ivonnet obtiene cuantas noticias desea
Acertado y excelente era el pretexto de que para entrar en el campamento español se habían valido el aldeano picardo y su hija, pues hemos visto que el duque de Saboya agradeció la atención que el hortelano tuvo de traer hortaliza para su mesa y la del rey Felipe II.
Efectivamente, según afirma Mergey, gentil hombre del señor de la Rochefoucauld, preso en la batalla de San Lorenzo y llevado aquella misma tarde al campamento español, no abundaban los comestibles en la mesa del príncipe de Saboya. Él estuvo desde luego reducido a no beber más que agua, contra su costumbre, y esto le causó gran pena; bien es cierto que su amo el conde de la Rochefeucauld no era mejor tratado. «Los siete que estaban a la mesa, dice Mergey, sólo tenían un pedazo de vaca como el puño, que metían en una olla lona de agua, sin sal, manteca ni hierbas, cuyo caldo ponían en pequeñas salseras de hoja de lata, teniendo cada uno su salsera para sorber, después dividían el pedazo de vaca en tantas tajadas como bocas había, con muy poco pan». No es, pues, extraño que cuando los jefes se veían obligados a tal abstinencia, la de los soldados les redujera al extremo de abalanzarse al asno cargado de víveres que al campamento llegara.