El Paje del duque de Saboya
El Paje del duque de Saboya La habitación de la favorita
Si hemos seguido al duque de Guisa antes que al condestable, no es porque en la estancia de la señora de Valentinois hubiesen de pasar cosas menos interesantes que en la cámara de Catalina de Médicis, sino, porque, como hemos dicho, el duque de Guisa era más principal señor que Montmorency, y Catalina más principal señora que la duquesa de Valentinois. Al César lo que es del César.
Pero, ya que hemos dado esta prueba de deferencia a la supremacía real, veamos lo que había sucedido en la estancia de la bella Diana de Poitiers, y sepamos porqué el rey Enrique se presentaba con ceño adusto en la de su esposa.
Si la vuelta del duque de Guisa no era un secreto para la reina Catalina de Médicis, tampoco era un misterio para la duquesa de Valentinois la llegada del condestable, de suerte que se alegró sobremanera cuando le anunciaron:
—Monseñor el condestable de Montmorency.
Diana no se hallaba sola. En un rincón del aposento y recostados en unos almohadones, dos hermosos niños gozaban la vida donde habían entrado por la puerta del amor: eran la joven reina María Estuardo y el Delfín Francisco, casados seis meses antes y más enamorados quizá que antes de su enlace.