El Paje del duque de Saboya

El Paje del duque de Saboya

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LIII

El pronóstico

Lo ocurrido en la justa del 29 de junio era un misterio para los espectadores y aún para las personas cuya elevada posición social debía al parecer iniciarlas en los secretos del duque.

¿Por qué estaba ausente el príncipe de Saboya en aquella ocasión? ¿Por qué su amigo Scianca-Ferro llevaba su armadura? ¿Por qué en aquellos instantes sostenía en lugar suyo tan terrible lucha?

Inútiles fueron cuantas preguntas se hicieron sobre este punto, y como el rey también manifestaba vivos deseos de que le aclarasen el misterio, suplicóle Manuel sonriéndose que no intentaba descorrer el velo que encubría este secreto de su vida. Madama Margarita, la única que con la inquieta curiosidad propia del amor positivo tenía el derecho de solicitar alguna explicación del duque, contentísima de verle salvo y sano después del trastorno que le motivara el combate, no quiso saber más, y desde entonces tuvo un cariño fraternal a Scianca-Ferro.

La primera vez que Manuel preguntó por el herido, dijéronle que continuaba desmayado; la segunda, que volvía en sí; y da tercera, que montaba a caballo, murmurando por toda contestación a las inquietudes del príncipe estas frases en son de amenaza:

—Decid al duque Manuel que otro día nos veremos.


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