El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Buscó con los ojos un papel donde envolverlos, percibió la hoja de la Biblia depositada por Craeke sobre el secadero, la cogió sin acordarse, tan grande era su turbación, de dónde procedía aquella hoja, envolvió en ella sus tres bulbos, los ocultó en su pecho y esperó.
Los soldados, precedidos por el magistrado, entraron en el mismo instante.
-¿Sois vos el doctor Cornelius van Baerle? -preguntó el magistrado, aunque reconoció perfectamente al joven; pero en esto, se ajustaba a las reglas de la justicia, lo que daba, como se ve, una gravedad a la interrogación.
-Lo soy, maese Van Spennen -respondió Cornelius saludando graciosamente al juez-, y vos lo sabéis bien.
-Entonces, entregadnos los papeles sediciosos que ocultáis en vuestra casa.
-¿Papeles sediciosos? -exclamó Cornelius completamente aturdido por el apóstrofe.
-¡Oh! No os hagáis el sorprendido.
-Os juro, maese Van Spennen -replicó Cornelius-, que ignoro completamente lo que vos queréis decir.
-Entonces, voy a explicároslo, doctor -dijo el juez-. Entregadnos los papeles que el traidor Corneille de Witt depositó en vuestra casa en el mes de enero último.