El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Un relámpago cruzó por la mente de Cornelius.
-¡Oh! ¡Oh! -exclamó Van Spennen-. Ahora comenzáis a recordar, ¿verdad?
-Sin duda; pero vos habláis de papeles sediciosos, y yo no poseo ningún papel de ese género.
-¡Ah! ¿Lo negáis?
-Naturalmente.
El magistrado se volvió para abarcar de una ojeada todo el cuarto.
-¿Cuál es la habitación de vuestra casa que se llama el secadero? -preguntó.
-Justamente ésta en la que nos hallamos, maese Van Spennen.
El magistrado miró de reojo una pequeña nota colocada en la primera fila de sus papeles.
-Está bien -dijo como un hombre que está convencido.
Luego, volviéndose hacia Cornelius, preguntó:
-¿Queréis entregarme esos papeles?
-Pero no puedo, maese Van Spennen. Esos papeles no son míos: me los han entregado a título de depósito, y un depósito es sagrado.