El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Ah! No os hagáis más el ignorante, señor Van Baerle -respondió el magistrado-, y seguidme.
-¡Cómo! ¡Que os siga! -exclamó el doctor.
-SÃ, porque en nombre de los Estados, yo os arresto.
No se arrestaba todavÃa en nombre de Guillermo de Orange. No hacÃa bastante tiempo que era estatúder para esto.
-¡Arrestadme! -exclamó Cornelius-. Pero ¿qué he hecho entonces?
-Esto no me compete, doctor, os explicaréis ante vuestros jueces.
-¿Dónde?
-En La Haya.
Cornelius, estupefacto, abrazó a su nodriza, que perdió el conocimiento, dio la mano a sus servidores; que se deshacÃan en lágrimas, y siguió al magistrado, el cual lo encerró en un coche como un prisionero de Estado, y lo hizo conducir al galope a La Haya.