El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Cornelius, que había esperado a Dios y al panorama tulípido del Universo, quedó realmente un poco decepcionado; pero se consoló haciendo jugar con cierto bienestar los resortes inteligentes de esa parte del cuerpo que los griegos llamaban trachelos y que nosotros denominamos modestamente cuello.
Y luego Cornelius esperó que la gracia sería completa, y que se le iba a devolver la libertad y sus platabandas de Dordrecht.
Pero en eso se equivocó, porque como decía por aquel tiempo madame De Sévigné, había un post scriptum en la carta, y lo más importante de esta carta estaba encerrado en el post scriptum.
Por ese post scriptum, Guillermo, estatúder de Holanda, condenaba a Cornelius van Baerle a prisión perpetua.
No era demasiado culpable para la muerte, pero sí lo era para la libertad.
Cornelius escuchó, pues, el post scriptum, y luego, después de la primera contrariedad producida por la decepción que aquél aportaba, pensó:
«¡Bah! No se ha perdido todo. La reclusión perpetua tiene algo de bueno. Está Rosa en la reclusión perpetua. Están también mis tres bulbos del tulipán negro.»