El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Pero Cornelius olvidaba que las Siete Provincias pueden tener siete prisiones, una por provincia, y que el pan del prisionero es menos caro en cualquier parte que en La Haya, que es una capital.
Su Alteza Guillermo, que no tenía, al parecer, los medios para alimentar a Van Baerle en La Haya, lo enviaba a cumplir su prisión perpetua a la fortaleza de Loevestein, muy cerca de Dordrecht y, sin embargo, por desgracia, muy lejos.
Porque Loevestein, dicen los geógrafos, está situada en la punta de la isla que forman, frente a Gorcum, el Waal y el Mosa.
Van Baerle sabía bastante historia de su país para no ignorar que el célebre Grotius había sido encerrado en ese castillo después de la muerte de Barneveldt, y que los Estados, en su generosidad hacia el célebre publicista, jurisconsulto, historiador, poeta y teólogo; le habían concedido la suma de veinticuatro sous en Holanda por día para su alimentación.
«A mí, que estoy muy lejos de valer lo que Grotius -se dijo Van Baerle-, me asignarán doce sous con gran trabajo, y viviré muy mal, pero en fin, viviré.»
Luego, de repente, golpeado por un terrible recuerdo, exclamó en voz alta: