El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Al estar Gryphus en su lecho, febril y con el brazo roto, Boxtel se había vuelto hacia Rosa, ofreciendo a la joven, a cambio de los tres bulbos, un tocado de oro puro. A lo que la noble joven, aunque ignorando todavía el valor del robo que se le proponía y por el que le ofrecían pagar tan bien, había enviado al tentador al verdugo, no solamente el último juez, sino también el último y macabro heredero del condenado a muerte.
El envío hizo nacer una idea en la mente de Boxtel.
Entretanto, el fallo se había pronunciado, fallo expeditivo, como se vio. Isaac se detuvo en consecuencia en la idea que le había sugerido Rosa; fue a buscar al verdugo.
Isaac no se imaginaba que Cornelius no muriera con sus tulipanes sobre el corazón.
En efecto, Boxtel no podía adivinar dos cosas:
Rosa, es decir, el amor.
Guillermo, es decir, la clemencia.
Menos Rosa y Guillermo, los cálculos del envidioso eran exactos. Menos Guillermo, Cornelius moriría. Menos Rosa, Cornelius moriría, con sus bulbos sobre el corazón.