El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Oh! Os lo agradezco, Rosa, querida Rosa.
Y diciendo estas palabras, Cornelius acercó tanto su rostro al postigo que Rosa retiró el suyo.
-Os he traÃdo vuestros bulbos de tulipán -dijo.
El corazón de Cornelius saltó. No se habÃa atrevido a preguntar todavÃa a Rosa lo que habÃa hecho con el precioso tesoro que le habÃa confiado cuando creyó que iba a la muerte.
-¡Ah! ¡Los habéis, pues, conservado!
-¿No me los habÃais dado como una cosa que os era muy querida?
-SÃ, pero precisamente porque os los habÃa dado, me parece que son vuestros.