El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Así es -repitió Cornelius- cómo he calculado nuestra común cooperación en este gran asunto.
-Escucho -dijo Rosa.
-Vos ¿tendréis en esta fortaleza un pequeño jardín, a falta de jardín un patio cualquiera y a falta de patio una terraza?
-Tenemos un bonito jardín -explicó Rosa-. Se extiende a lo largo del Waal y está lleno de añosos árboles.
-¿Podéis, querida Rosa, traerme un poco de la tierra de ese jardín, a fin de que la examine?
-Mañana mismo.
-La cogeréis de la sombra y del sol para que la juzgue en sus dos cualidades, bajo las dos condiciones de sequedad y de humedad.
-Estad tranquilo.
-Una vez escogida la tierra por mí y modificada si es preciso, haremos tres partes de nuestros tres bulbos, tomaréis uno que plantaréis el día que os diga; florecerá ciertamente si lo cuidáis según mis indicaciones.
-No me alejaré de él ni un segundo.