El Tulipan Negro

El Tulipan Negro

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Casi siempre, estos avisos emanan del instinto del hombre o de la complicidad de los objetos inanimados, a menudo menos inanimados de lo que generalmente se cree; casi siempre, decimos nosotros, estos avisos se desatienden. El golpe ha silbado en el aire y cae sobre una cabeza a la que ese silbido hubiera debido de advertir, y que, advertida, habría tenido que precaverse.

El día siguiente transcurrió sin que nada notable se señalara. Gryphus hizo sus tres visitas. No descubrió nada. Cuando oía venir a su carcelero -con la esperanza de sorprender los secretos de su prisionero, Gryphus no acudía nunca a las mismas horas-, Van Baerle, con la ayuda de un mecanismo que había inventado, y que se parecía a aquellos con ayuda de los cuales se suben y descienden los sacos de trigo en las granjas, hacía descender su vasija por debajo de la cornisa de tejas primero, y luego de las piedras que había por debajo de su ventana. En cuanto a los hilos, con ayuda de los cuales realizaba el movimiento, nuestro mecánico había hallado el modo de ocultarlos entre los musgos que vegetaban en las tejas y en los huecos de las piedras.

Gryphus no veía ni podía sospechar nada.

Este manejo tuvo éxito durante ocho días.


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