El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Ah! -exclamó Gryphus triunfante-. Ya veis que no es un tulipán lo que vos tenÃais. Ya veis que en esta falsa cebolla habÃa alguna brujerÃa, tal vez un medio de correspondencia con los enemigos de Su Alteza, que os perdonó. Ya decÃa yo que se habÃa equivocado al no cortaros el cuello.
-¡Padre mÃo! ¡Padre mÃo! -exclamaba Rosa.
-¡Pues bien! ¡Tanto mejor! ¡Tanto mejor! -repetÃa Gryphus animándose-. Yo lo he destruido, yo lo he destruido. ¡Y asà lo haré cada vez que vos comencéis de nuevo! ¡Ah! Ya os habÃa avisado, mi guapo amigo, que os harÃa la vida dura.
-¡Maldito! ¡Maldito! -gritó Cornelius mientras completamente desesperado revolvÃa con sus dedos temblorosos los últimos vestigios de su bulbo, cadáver de tantas alegrÃas y tantas esperanzas.
-Plantaremos el otro mañana, querido señor Cornelius -dijo en voz baja Rosa, que comprendÃa el inmenso dolor del tulipanero y que lanzó -corazón santo- aquellas dulces palabras como una gota de bálsamo en la herida sangrante de Cornelius.