El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¿Y cómo sabéis esto? -preguntó el prisionero con aire doliente a la joven.
-Lo sé porque lo ha dicho.
-¿Para engañarme, tal vez?
-No, se arrepiente.
-¡Oh! Sí, pero demasiado tarde.
-Este arrepentimiento no le ha venido de sí mismo.
-¿Y cómo le ha venido, pues?
-¡Si vos supierais cuánto le ha reñido su amigo!
-¡Ah! El señor Jacob. ¿No os deja, pues, ese caballero?
-En todo caso, nos deja lo menos que puede.
Y sonrió de tal forma que aquella pequeña nube de celos que había oscurecido la frente de Cornelius se disipó.
-¿Cómo ha ocurrido? -preguntó el prisionero con interés.
-Pues bien, interrogado por su amigo, mi padre, a la hora de cenar le contó la historia del tulipán o más bien del bulbo, y la bonita explosión que hizo al aplastarse.
Cornelius lanzó un suspiro que podía pasar por un gemido.