El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Le entraron unos deseos feroces de estrangular a Gryphus; pero con Gryphus estrangulado por Cornelius, todas las leyes divinas y humanas impedirÃan a Rosa volver a ver jamás a Cornelius.
El carcelero escapó pues, sin imaginárselo, a uno de los más grandes peligros que hubiera corrido jamás en su vida.
Llegó la noche, y la desesperación se tornó en melancolÃa; esta melancolÃa era tanto más sombrÃa por cuanto que, a pesar de Van Baerle, los recuerdos de su pobre tulipán se mezclaban al dolor que experimentaba. Se habÃa llegado justamente a aquella época del mes de abril en que los jardineros más expertos indican como el momento preciso para la plantación de los tulipanes; habÃa dicho a Rosa: «yo os indicaré el dÃa en que deberéis meter el bulbo en la tierra». Ese dÃa debÃa fijarlo mañana para el atardecer siguiente. El tiempo era bueno, la atmósfera, aunque todavÃa un poco húmeda, comenzaba a estar atemperada por esos pálidos rayos del sol de abril que, llegando los primeros, parecen tan suaves, a pesar de su palidez. Pensó que Rosa iba a dejar pasar el tiempo de la plantación. Si al dolor de no ver a la joven se unÃa el de ver abortar el bulbo, por haber sido plantado demasiado tarde, ¡o incluso por no haber sido plantado… !
Con estos dos dolores reunidos, habÃa ciertamente para perder el apetito.