El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Que fue lo que sucedió al cuarto dÃa.
Daba lástima ver a Cornelius, mudo de dolor y pálido de inanición, inclinarse fuera de la ventana enrejada, con el peligro de no poder retirar su cabeza de los barrotes, para tratar de percibir a la izquierda el pequeño jardÃn del que le habÃa hablado Rosa, y cuyo parapeto confinaba, según le habÃa dicho, con el rÃo, y todo ello con la esperanza de descubrir, bajo esos primeros rayos del sol de abril, a la joven o al tulipán, sus dos amores desgraciados.
Por la tarde, Gryphus se llevó el desayuno y la comida de Cornelius; éste apenas los habÃa tocado.
Al dÃa siguiente, no los tocó en absoluto, y Gryphus descendió los comestibles destinados a esas dos comidas, completamente intactos.
Cornelius no se habÃa levantado en toda la jornada.
-Bueno -comentó Gryphus al descender después de la última visita-, creo que vamos a vernos desembarazados del sabio.
Rosa se sobresaltó.
-¡Bah! -exclamó Jacob-. ¿Por qué?
-Ya no bebe, ya no come, no se levanta… -explicó Gryphus-. Como el señor Grotius, saldrá de aquà en un cofre, sólo que ese cofre será un ataúd.