El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Ah! -dijo-. Es que vuestro tulipán ha corrido un peligro muy grande.
Cornelius se sobresaltó a su pesar, y se dejó coger en la trampa si es que aquello lo era.
-¡Un peligro muy grande! -exclamó tembloroso-. Dios mÃo, ¿cuál?
Rosa le miró con una dulce compasión, sintiendo que lo que ella querÃa estaba por encima de las fuerzas de aquel hombre, y que habÃa que aceptar a éste con su debilidad.
-SÃ -dijo-. Adivinasteis precisamente que el pretendiente amoroso, Jacob, no venÃa por mÃ.
-¿Y por quién venÃa, pues? -preguntó Cornelius con ansiedad.
-Por el tulipán.
-¡Oh! -exclamó Cornelius palideciendo ante esta noticia más de lo que habÃa palidecido cuando Rosa, equivocándose, le habÃa anunciado quince dÃas antes que Jacob acudÃa a la fortaleza por verla a ella.
Rosa vio este terror, y Cornelius percibió por la expresión de su rostro que ella pensaba lo que acabamos de decir.
-¡Oh! Perdonadme, Rosa -se excusó-. Yo os conozco, sé la bondad y la honestidad de vuestro corazón. A vos, Dios os ha dado el pensamiento, el juicio, la fuerza y el movimiento para defenderos, pero a mi pobre tulipán amenazado, Dios no le ha dado nada de todo eso.