El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Sà -respondió Rosa-; sÃ, se puede distinguir una lÃnea de un color diferente, delgada como un cabello.
-¿Y el color? -preguntó Cornelius temblando.
-¡Ah! -contestó Rosa-. Es muy oscuro.
-¿Pardo?
-¡Oh! Más oscuro.
-¡Más oscuro, buena Rosa, más oscuro! Gracias. Oscuro como el ébano, oscuro como…
-Oscuro como la tinta con la cual os he escrito.
Cornelius lanzó un grito de loca alegrÃa.
-¡Oh! -exclamó juntando las manos-. ¡Oh! No hay un ángel que pueda compararse a vos, Rosa.
-¿De veras? -dijo Rosa sonriendo ante esta exaltación.
-Rosa, habéis trabajado tanto, habéis hecho tanto por mÃ; Rosa, mi tulipán va a florecer, y mi tulipán florecerá negro, Rosa, Rosa, ¡sois lo más perfecto que Dios ha creado sobre la Tierra!
-¿Después del tulipán, sin embargo?
-¡Ah! Callaos, malvada. Callaos, por piedad, no echéis a perder mi alegrÃa. Pero, decidme, Rosa, si el tulipán ha llegado a ese punto, dentro de dos o tres dÃas a más tardar florecerá.
-Mañana o pasado mañana, sÃ.