El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Pues bien! Id a buscar al señor Boxtel a la hospedería del Cisne Blanco, y entendeos con él. En cuanto a mí, como el proceso me parece tan difícil de juzgar como el que llevaron ante el rey Salomón, y no tengo la pretensión de poseer su sabiduría, me contentaré con redactar mi informe, con constatar la existencia del tulipán negro y con conceder los cien mil florines a su descubridor. Adiós, hija mía.
-¡Oh! ¡Señor! ¡Señor! -insistió Rosa.
-Sólo que, hija mía -continuó Van Systens-, como sois bonita, como sois joven, como no estáis todavía pervertida, recibid mi consejo: Sed prudente en este asunto, porque nosotros tenemos un tribunal y una prisión en Haarlem; además, somos extremadamente puntillosos con el honor de los tulipanes. Id, hija mía, id. Isaac Boxtel, hospedería del Cisne Blanco.
Y poco después, Van Systens, volviendo a coger su bella pluma, continuó su interrumpido informe.