El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Tú sabes que no lo está habitualmente cuando subo la escalera por las mañanas.
-¡Ah! Es verdad. Me traéis por costumbre la peor sopa o la más lastimosa comida que imaginarse pueda. Pero esto no es un castigo para mÃ; yo no me alimento más que de pan, y el pan, cuanto peor es a lo gusto, Gryphus, mejor lo es al mÃo.
-¿Mejor lo es al tuyo?
-SÃ.
-¿Y la razón?
-¡Oh! Es muy sencilla.
-Dila, pues.
-De buena gana. Yo sé que al darme pan malo, tú crees hacerme sufrir.
-El hecho es que no te lo doy para que te sea agradable, ¡ladrón!
-¡Pues bien! Yo que soy brujo, como tú sabes, cambio tu pan malo en uno excelente, que me deleita más que los pasteles, y entonces disfruto de un doble placer, el de comer a mi gusto primero, y luego el de hacerte enrabiar infinitamente.
Gryphus aulló de cólera.
-¡Ah! Confiesas, pues, que eres brujo -exclamó.