El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Vaya si lo soy. No lo digo delante del mundo, porque ello podría conducirme a la hoguera como Godofredo o Urbano Grandier; pero cuando sólo estamos vos y yo, no veo ningún inconveniente en confesarlo.
-Bueno, bueno, bueno -respondió Gryphus-, pero si un brujo obtiene pan blanco del pan negro, ¿no muere el brujo de hambre si no tiene pan en absoluto?
-¡Eh! -exclamó Cornelius.
-Entonces, no te traeré pan y veremos al cabo de ocho días.
Cornelius palideció.
-Y esto -continuó Gryphus- a partir de hoy mismo. Ya que eres tan buen brujo, veamos, cambia en pan los muebles de tu habitación; en cuanto a mí, me ganaré todos los días los dieciocho sous que me dan para tu alimentación.
-¡Pero eso es un asesinato! -exclamó Cornelius, arrebatado por un primer movimiento de terror bien comprensible, y que le era inspirado por ese horrible género de muerte.
-¡Bueno! -continuó Gryphus mofándose-. Bueno, ya que eres brujo, vivirás a pesar de todo.
Cornelius recobró su aspecto alegre y se encogió de hombros.
-¿Es que no me has visto hacer venir aquí los palomos de Dordrecht?
-¿Y bien? -replicó Gryphus.