El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Pues bien! El palomo proporciona un hermoso asado; un hombre que coma un palomo todos los dÃas no morirá de hambre, me parece.
-¿Y el fuego? -preguntó Gryphus.
-¡El fuego! Pero tú sabes bien que he hecho un pacto con el diablo. ¿Piensas que el diablo dejará que me falte el fuego cuando el fuego es su elemento?
-Un hombre, por fuerte que sea, no podrÃa comer un palomo todos los dÃas. Han habido apuestas sobre ello, y los apostadores han renunciado.
-¡Bueno! -dijo Cornelius-. Cuando me canse de los palomos, haré subir los peces del Waal y del Mosa.
Gryphus abrió unos grandes ojos asustados.
-Me gusta bastante el pescado -continuó Cornelius-. Tú nunca me lo sirves. ¡Pues bien! Me aprovecharé de que quieres hacerme morir de hambre para regalarme con pescado.
Gryphus estaba a punto de desmayarse de cólera e incluso de miedo.
-Entonces -dijo, rehaciéndose y metiendo la mano en su bolsillo-, ya que me fuerzas a ello…
-¡Ah! ¡Un cuchillo! -exclamó Cornelius poniéndose en guardia.