El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Hum!
El príncipe selló la carta que acababa de escribir y llamó a uno de sus oficiales.
-Señor Van Deken -ordenó-, llevad a Loevestein este mensaje; tomaréis nota de las órdenes que doy al gobernador, y en lo que a vos respecta, ejecutadlas. El oficial saludó, y pronto se oyó repicar bajo la bóveda sonora de la casa el vigoroso galope de un caballo.
-Hija mía -prosiguió después el príncipe-, el domingo es la fiesta del tulipán, y el domingo es pasado mañana. Poneos muy bella con los quinientos florines que tengo aquí; porque deseo que ese día sea una gran fiesta para vos.
-¿Cómo quiere Vuestra Alteza que me vista? -murmuró Rosa.
-Poneos el vestido de las esposas frisonas -dijo Guillermo-, os sentará muy bien.