El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Esta exhibición del tulipán era un homenaje rendido por todo un pueblo sin cultura y sin gusto, al gusto y a la cultura de los jefes célebres y piadosos que sabían verter la sangre sobre el pavimento fangoso de la Buytenhoff, sin que por ello dejaran de inscribir más tarde los nombres de sus víctimas sobre la piedra más hermosa del panteón holandés.
Estaba convencido que el príncipe estatúder distribuiría, naturalmente, él mismo el premio de los cien mil florines, lo cual interesaba a todo el mundo en general, y que pronunciaría tal vez un discurso, lo que interesaba en particular a sus amigos y a sus enemigos.
En efecto, en los discursos más indiferentes de los hombres políticos, los amigos o los enemigos de esos hombres quieren ver siempre relucir en él, y creen siempre poder interpretar, por consiguiente, un rayo de sus pensamientos.
Como si el sombrero del hombre político no fuera una pantalla destinada a interceptar toda luz.