El Tulipan Negro
El Tulipan Negro Ese triunfador radiante, excitado, ese héroe del día destinado al insigne honor de hacer olvidar el discurso de Van Systens y la presencia del estatúder, era Isaac Boxtel, que veía marchar delante de él, a su derecha, sobre un almohadón de terciopelo, el tulipán negro, su pretendido hijo, y a su izquierda, en una gran bolsa, los cien mil florines en hermosas monedas de oro reluciente, brillante, y que se veía obligado a bizquear hacia fuera para no perderlos un instante de vista.
De cuando en cuando, Boxtel apresuraba el paso para ir a frotar su codo con el de Van Systens.
Boxtel tomaba así un poco de su valor, para darse valor a sí mismo, como robó a Rosa su tulipán, para conseguir su gloria y su fortuna.
Todavía un cuarto de hora de espera y el príncipe llegaría, el cortejo haría alto en la última estación, el tulipán se colocaría en su trono, el príncipe, que cedería el paso a su rival en la adoración pública, cogería una vitela[6] magníficamente coloreada sobre la que estaría escrito el nombre del autor, y proclamaría con voz alta e inteligible que había sido descubierta una maravilla; que Holanda, por intermedio de él, Boxtel, había forzado a la Naturaleza a producir una flor negra, y que esa flor se llamaría desde entonces en adelante Tulipa nigra Boxtellea.