El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -¡Ah! ¡Una fiesta! -exclamó Cornelius con ese tono lúgubremente indiferente de un hombre que no disfruta de ninguna alegrÃa en este mundo desde hace mucho tiempo.
Después, tras un instante de silencio y cuando el coche habÃa rodado unas pocos metros más, preguntó:
-¿La fiesta patronal de Haarlem? Porque veo muchas flores.
-Es, en efecto, una fiesta en la que las flores representan el papel principal, señor.
-¡Oh! ¡Los dulces aromas! ¡Los bellos colores! -exclamó Cornelius.
-Deteneos, que el señor lo vea -ordenó el oficial, con uno de esos gestos de dulce piedad que son propios sólo de los militares, al soldado encargado del postillón.
-¡Oh! Gracias, señor, por vuestra cortesÃa -replicó melancólicamente Van Baerle-. Pero esto constituye para mà una alegrÃa más dolorosa que para los otros: ahorrádmela, os lo ruego.
-Como queráis; continuemos entonces. He ordenado que nos detuviéramos, porque pasáis por amador de las flores, sobre todo, de aquellas por las que se celebra hoy la fiesta.
-¿Y por qué flores celebran hoy la fiesta, señor?