El Tulipan Negro
El Tulipan Negro -Por los tulipanes.
-¡Por los tulipanes! -repitió Van Baerle-. ¿Hoy es la fiesta de los tulipanes?
-SÃ, señor; pero ya que este espectáculo os resulta desagradable, continuemos.
Y el oficial se dispuso a dar la orden de continuar el camino.
Pero Cornelius le detuvo, pues una duda dolorosa acababa de cruzar su mente.
-Señor -preguntó con voz temblorosa-, ¿será hoy acaso cuando se otorga el premio?
-El premio del tulipán negro; sÃ.
Las mejillas de Cornelius se tiñeron de púrpura, un temblor corrió por todo su cuerpo y el sudor perló su frente.
Luego, pensando que, ausentes él y su tulipán, la fiesta abortarÃa sin duda a falta de un hombre y de una flor que coronar, dijo:
-Por desgracia, todas estas bravas gentes serán tan desdichadas como yo, porque no verán esta gran solemnidad a la que son convidados, o por lo menos, la verán incompleta.
-¿Qué queréis decir, señor?
-Quiero decir que nunca -contestó Cornelius reclinándose en el fondo del coche-, excepto por alguien a quien yo conozco, será hallado el tulipán negro.