La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias Yo escuchaba y miraba a Marguerite con admiración. Al pensar que aquella maravillosa criatura, cuyos pies hubiera deseado besar en otro tiempo, me permitía entrar para algo en su pensamiento, darme un papel en su vida, y que aún no me conformaba con lo que me daba, me preguntaba si el deseo del hombre tiene límites, cuando, satisfecho tan pronto como lo había sido el mío, aspira todavía a otras cosas.