La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias »Además, ¿está usted segura de que no la atraerá de nuevo la vida que dejaría por él? ¿Está segura, usted que lo ha amado, de no amar a otro? Y, en fin, ¿no sufrirá usted con las trabas que su relación pondrá a la vida de su amante, de las que quizá no pueda consolarlo, si, con la edad, a los sueños de amor suceden ideas de ambición? Reflexione sobre todo esto, señora; usted ama a Armand; demuéstreselo con el único medio que aún le queda de demostrárselo: sacrificando su amor por el futuro de él. Todavía no ha ocurrido ninguna desgracia, pero ocurrirá, y quizá mayor de lo que preveo. Armand puede ponerse celoso de algún hombre que la haya amado; puede provocarlo, puede batirse, puede morir en fin, y piense en lo que sufriría usted ante este padre que le pediría cuentas de la vida de su hijo.