La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias »Es usted joven y hermosa, la vida la consolará; es usted noble, y el recuerdo de una buena acción la redimirá de muchas cocas pasadas. Desde hace seis meses que la conoce, Armand me ha olvidado. Le he escrito cuatro veces, y no ha pensado ni una vez en contestarme. ¡Hubiera podido morirme sin que lo supiera!
»Cualquiera que sea su decisión de vivir de un modo distinto a como ha vivido hasta ahora, Armand, que la ama, no se resignará a la reclusión a que la condenará su modesta posición y que no está hecha para su belleza. ¡Quién sabe lo que haría entonces! Sé que ha jugado; sé también que no le ha dicho nada a usted; pero, en un momento de embriaguez, hubiera podido perder una parte de lo que yo he ido reuniendo desde hace muchos años para la dote de mi hija, para él y para la tranquilidad de mi vejez. Lo que pudo ocurrir puede ocurrir todavía.