La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias Esta mañana ha venido el señor H… Parecía muy incómodo con la delicada misión que le había encargado el señor Duval. Venía sencillamente a traerme mil escudos de parte de su padre. Al principio no he querido cogerlos, pero el señor H… me ha dicho que ese rechazo ofendería al señor Duval, que le había autorizado a darme ahora esa cantidad y a enviarme todo lo que necesitara en adelante. He aceptado ese favor que, viniendo de su padre, no puede ser una limosna. Si ya he muerto cuando vuelva usted, enséñele a su padre lo que acabo de escribir para él y dígale que, al trazar estas líneas, la pobre chica a la que se ha dignado escribir esta consoladora carta derramaba lágrimas de agradecimiento y rogaba a Dios por él.
4 de enero.
Acabo de pasar una serie de días muy dolorosos. No sabía que e cuerpo pudiera hacernos sufrir tanto. ¡Oh, mi vida pasada! Hoy estoy pagándola dos veces.
Me han velado todas las noches. Ya no podía respirar. El delirio y la tos se repartían el resto de mi pobre existencia.