La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —¿La Dama de las Camelias?
—Exactamente. ¡Mucho!
Aquellos «¡Mucho!» a veces iban acompañados de sonrisas incapaces de dejar lugar a dudas acerca de su significado.
—Y bien, ¿cómo era aquella chica? —continuaba yo.
—Pues una buena chica.
—¿Eso es todo?
—¡Santo Dios! ¿Pues qué quiere que sea? Con más inteligencia y quizá con un poco más de corazón que las otras.
—¿Y no sabe usted nada de particular sobre ella?
—Arruinó al barón de G…
—¿Sólo?
—Fue la amante del viejo duque de…
—¿Era de verdad su amante?
—Eso dicen: en todo caso, él le daba mucho dinero.
Siempre los mismos detalles generales.
Sin embargo sentÃa curiosidad por conocer algo acerca de la relación de Marguerite con Armand.
Un dÃa me encontré con uno de esos tipos que viven continuamente en la intimidad de las mujeres conocidas. Le pregunté:
—¿Conoció usted a Marguerite Gautier?
Me respondió con el mismo mucho de siempre.