La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —¿Qué clase de chica era?
—Una buena chica. Y guapa. Su muerte me ha causado una gran pena.
—¿No tuvo un amante llamado Armand Duval?
—¿Uno rubio alto?
—SÃ.
—Es cierto.
—¿Cómo era ese Armand?
—Creo que era un chaval que se comió con ella lo poco que tenÃa y que se vio obligado a dejarla. Dicen que estaba loco por ella.
—¿Y ella?
—Según dicen, también ella lo querÃa mucho, pero como suelen amar esas chicas. No hay que pedirles más de lo que pueden dar.
—¿Qué ha sido de Armand?
—Lo ignoro. Nosotros lo conocÃamos poco. Estuvo cinco o seis meses con Marguerite, pero en el campo. Cuando ella regresó, él se fue.
—¿Y no ha vuelto usted a verlo desde entonces?
—Nunca.
Tampoco yo habÃa vuelto a ver a Armand. Llegué a preguntarme si, cuando se presentó en mi casa, la noticia reciente de la muerte de Marguerite no habÃa exagerado su amor de antaño y en consecuencia su dolor, y me decÃa que posiblemente con la muerta habÃa olvidado también la promesa que me hizo de venir a verme.