La Dama de las Camelias
La Dama de las Camelias —Y viene usted a verla aquÃ; es muy amable por su parte, pues los que vienen a ver a la pobre chica no arman atascos en el cementerio.
—¿Entonces no viene nadie?
—Nadie, excepto ese joven, que ha venido una vez.
—¿Sólo una vez?
—SÃ, señor.
—¿Y no ha vuelto desde entonces?
—No, pero volverá cuando regrese.
—¿Entonces está de viaje?
—SÃ.
—¿Y sabe usted dónde está?
—Creo que ha ido a ver a la hermana de la señorita Gautier.
—¿Y qué hace all�
—Va a pedirle autorización para exhumar a la muerta y llevarla a otro lugar.
—¿Por qué no la deja aqu�
—Ya sabe usted las ocurrencias que se tienen con los muertos. Nosotros vemos estas cosas a diario. Este terreno lo han comprado sólo por cinco años, y ese joven quiere una concesión a perpetuidad y un terreno más grande; será mejor en la parte nueva.
—¿A qué llama usted la parte nueva?