Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Nelson, sir Guillermo Hamilton y yo estábamos a popa. El capitán Hardy se acercó a Nelson, le habló al oÃdo, y ambos se dirigieron a la proa, donde milord reconoció, por su parte, a Caracciolo.
Nelson dio acto continuo orden de ponerse al pairo.
Tratábase de comunicar al Rey esta singular noticia; sir Guillermo se encargó de ello.
El Rey se resistÃa a darle crédito; sin embargo, palideció intensamente y se trasladó a la proa del navÃo.
Quise levantarme como los demás, pero no pude; mis piernas se negaban a sostenerme. Apoyé mi cabeza entre ambas manos, y cerré los ojos para no ver nada de lo que pasaba.
Al ver la extraña aparición, Fernando retrocedió algunos pasos.
—¿Qué significa eso? —preguntó a mi marido.
—Señor, es Caracciolo que, después de haber permanecido diez y nueve dÃas bajo el agua, sube ahora a la superficie para pedir perdón a Su Majestad del crimen que cometió contra su Rey.
Pero el capellán, que estaba presente, aventuró estas palabras:
—Acaso demande una sepultura cristiana.
—¡Que se la den! —exclamó el Rey, encaminándose rápidamente hacia el camarote de Nelson.